Chupetones.
Textos cortos con aroma a rojo intenso.





Conocí mujeres que follaban con su novio (futuro), al día siguiente de conocerlo, incluso las más ardientes, ya se lo “llevaban al huerto” el mismo día, pero, eso sí, el “francés”, lo dejaron para después de la boda, cuando ya había más confianza, para estar seguras de lo que llevaban a la boca.


Mi obsesión por los pechos, me ha hecho volver a soñar, como tantas veces, con unas enormes tetas que parecían tener vida propia. Unas magníficas glándulas, redondas, turgentes y morenas. Con unos pezones oscuros, rugosos y grandes, para hacer juego con todo el conjunto mamario, que inevitablemente me invitaban a meter mi boca dentro, para succionarlos sin parar, como un bebé hambriento, y dejar aquellas ubres, transformadas en gigantescos depósitos de leche fresca, completamente secas.


Tenía un amigo, que se creía tan irresistible, que pensaba absolutamente convencido, que las mujeres, le iban a lanzar las bragas a la cara, nada más que él se lo propusiera. Y es cierto que tuvo mucho éxito con el sexo femenino, pero también se pegó unas hostias tremendas, algunas realmente estrepitosas, para sacar los colores al más caradura de los mortales, aunque, eso nunca fue motivo suficiente, para que mi colega, se rindiera, y por eso siguió, y aún creo que lo hace todavía, ofreciendo su miembro viril (del que continuamente presumía, ya que como él siempre dijo, “el tamaño es lo único que importa”) envuelto en papel de regalo, como si todas las mujeres del planeta, estuvieran deseosas de desenvolver el valioso obsequio, y por supuesto, utilizarlo, en sus diferentes modalidades de uso.

   En fin, lo importante por encima de todo, es siempre la confianza en uno mismo, y si además, como es el caso que nos ocupa, uno es el propietario de una verga descomunal, ¡pues mejor, que mejor!


    ¿Puedo hacerte una pregunta? Me dijo una chica “cañón” que conocí una noche en una discoteca, ¡por supuesto!, le respondí, con toda amabilidad. ¿Si fuese fea, me habrías invitado a tomar una copa?, ¡la verdad, es que no!, le respondí sinceramente. ¡Los tíos sois todos iguales!, dijo toda enfadada, y se marchó. Yo ni me inmuté, seguí tomando mi copa, y cuando acabé, me bebí también la de ella, que para eso la había pagado yo. Y mientras el alcohol se subía poco a poco a mi cabeza, iba pensando, si resulta rentable con las mujeres decir la verdad, o es mejor ser falso. Al final, quizás tenga que hacer como mi amigo Judas, que folla como un loco, y miente más que folla.



   Por©

Aún recuerdo aquella noche en que la conocí. Era cubana, de Varadero, pero había venido a España a buscarse la vida, como antes ya habían hecho miles y miles de sus compatriotas. Se llamaba Odalys, eso fue lo que me dijo, y no tenía motivos para decirme una mentira, aunque igual se llamaba Ernestina, Rosamari o Luzdivina, a mi desde luego me habría dado igual, aunque Odalys, me sonaba a princesa de relato Vikingo, y estaba muy buena. Mulata, un "cañón". Podría haberla conocido en un lugar paradisiaco del Caribe, pero como ya dije, estábamos en territorio nacional español, concretamente en un puticlub, “El Clavel Rojo”, para más señas. Esa es la verdad, y así la cuento.

   Me encontraba en la barra tomando una copa, y se acercó a mí, la invité, sin preguntarle (ellas toman agua, aunque el cliente siempre paga el precio que vale una "copa", así que poco importaba pedirle, whisky, ginebra o un Cacaolat), algo que ella sin duda, me habría pedido, así que tan solo me adelanté a sus deseos (sería mejor decir, necesidades laborales). La muchacha, no se anduvo con rodeos, mientras con su mano derecha se tocaba los pechos, más bien se los acariciaba, invitándome con su mirada, a que yo participase del magreo, pero en la habitación, del piso de arriba, y por supuesto, previo pago de la tarifa, bastante elevada por cierto, pero cuando comencé a chuparle los pezones, fui consciente de que la inversión había merecido la pena, y eso, que el festín no había hecho nada más que empezar.

    En una casa de putas, todo Dios tiene que pasar por caja, incluso los “guaperas”, tan engreídos ellos, que piensan que pueden follar por la cara. Como si las chicas, “trabajadoras de la noche”, estuvieran en el lugar, por puro vicio, aunque hay que reconocer, que también las hay viciosas, muy, pero que muy viciosas. No era el caso de Odalys, y lo agradecí, porque no me trató como a un cliente, y me hizo sentir, como si yo fuera "su pareja", y eso, unido a mi imaginación, me hizo disfrutar de una estupenda noche. Al placer físico se sumó el psicológico. Doble satisfacción pues, aunque, el recuerdo de aquel polvo me persigue, ya que jamás he logrado igualarlo, ni con “profesionales”, y mucho menos con aficionadas. Así que siempre me acuerdo de Odalys (¡ande andará!), y la mantengo siempre en el Ranking más alto de mis experiencias copuladoras.


El día que la conocí me quedé impactado. Pero el día, que me armé de valor, y por fin fui capaz de dar un paso más (o el único, hasta ese momento), y la invité a cenar, me puse tan nervioso cuando me dijo que sí (y una hora más tarde ya estamos en el restaurante), que en ese mismo instante, se me pegó al vientre una sensación tan extraña, que tuve que ir rápidamente al baño, aunque una vez allí, no sabía muy bien, si lo que necesitaba era vomitar o evacuar residuos digestivos sólidos, por vía anal. Afortunadamente, el “susto”, pasó rápido, aunque la fase de alteración, no había finalizado, pues comencé a sentir que mi pene se llenaba de sangre, como si fuese Lázaro resucitado, y amenazaba con taladrar mi calzoncillo y asomar la cabeza por la bragueta, como un topo que sale de su agujero bajo tierra. Por suerte, todo volvió a su sitio, y pudimos cenar tranquilos, disfrutando de delicioso menú, era lo mínimo, teniendo en cuenta lo que me costó la invitación. Además, de las copas que tomamos después de la cena, que por supuesto, también las pagué yo. Y de follar nada, la cosa quedó para la siguiente cita, aunque eso ya es otra historia.

   Al final la factura nocturna se incrementó, ya que después de acompañar a la chica a su casa (solo hasta el portal), como un caballero (gilipollas), acabé, donde en ocasiones solemos ir los tíos cuando estamos “muy calientes”, y el alcohol todavía no ha hecho ese efecto devastador en nuestra herramienta, que la vuelve tímida y encogida. Total, que entre el polvo y otra copa (para ir bien cargado para casa), otros cien euros más.

   ¡Qué cosas más raras me pasan!

   ¿Les sucederá lo mismo a los demás?


Conocí a tíos (un poco guarros, esa es la verdad), que se “cepillaban”, todo lo que se les ponía por delante. Daba igual que fueran jóvenes o maduras, solteras o casadas, guapas o feas. Todo les valía, porque ya se sabe que “todo lo que vuela, a la cazuela”. Y en el mismo día caían dos o incluso tres, y entre cópula y cópula, tan solo un pequeño margen para recuperar fuerzas, y proceder a una higiene elemental de combate, un pequeño “baño austriaco”, lo que viene siendo una limpieza básica de ojete, rabo y sobaco. Y a seguir dándole…



                                                               ¡Teta, tu nombre endulza mis sueños!

                                                "Homenaje al Seno, familiarmente conocido como Teta"

                                                                               Teta abrigada, es Teta encarcelada.                                                                      

                                                                 Teta endulzada, es Teta que da leche condensada.

                                                              Teta que es ubre, es Teta que mano pequeña no cubre.

                                                             Teta arrugada y que se queja, no es tierna, es Teta vieja.

                                                            Teta libérate de tus cadenas, cuando el sostén te aprieta.

                                                          Teta grande, redonda y dura, siempre triplica su hermosura.

                                            ¡Teta, Seno, Pecho, Mama..., sin duda, bellos nombres, para una gran Dama!

Aquella jovencita tímida e ingenua, aprendió en muy poco tiempo todo lo que tenía que saber, para sacarle el mayor rendimiento posible al poderoso tesoro que tenía entre sus piernas. Y como antes había hecho su madre, y mucho antes su abuela, siguió la tradición familiar, para desenvolverse con gran maestría en el noble arte de las técnicas amatorias, convirtiéndose en una auténtica experta en el ejercicio del sexo, algo que hasta la fecha le ha supuesto una fuente continua de beneficios económicos y también personales, pues la chica está convencida de que su trabajo es una labor social, que la convierte en una auténtica samaritana del amor.



Cuando supe que aquella zorra tan solo me había elegido por el abundante contenido de mi billetera, me di cuenta que pensar solo con la polla, es un negocio ruinoso, aunque en la medida de lo posible procuré recuperar mi dinero, con incansables sesiones de sexo salvaje, algo en lo que era una verdadera experta, la mujer a la que yo consideraba mi novia. Cuando me cansé de follar, la dejé tirada y le dije que volviera a la cloaca de la que había salido. La verdad, es que a pesar de que ella me había engañado, me sentí un poco miserable, pero no tuve ningún remordimiento, tan solo quedó en mi recuerdo el sabor intenso de las noches de placer ininterrumpido.


Su potorro era mucho más velludo de lo que había imaginado, algo que en principio no me hizo demasiada gracia, ya que la vegetación exuberante, no forma parte de mis gustos de cama (las aventuras en la selva, no me atraen en exceso) pero en el momento que llegó hasta mi nariz, un intenso olor a hembra, me olvidé del follaje peludo, y me dediqué al otro follaje, para atender sin demora, las demandas de entrada en acción cuya solicitud llegaba desde mi entrepierna.

 

¡Vaya pedazo de mujer!, pensé nada más verla, pero lo que me dejó absolutamente helado, fue lo que me dijo: ¡Quieres echarme un polvo, nene!, y sin que me diera tiempo a abrir mi casi paralizada boca, dobló las piernas poniéndose en cuclillas, para que yo viera como su cueva rosada (evidentemente, desprovista de bragas), se abría ante mí, mostrándose familiar, cariñosa, y húmeda, muy húmeda. Lo que vino a continuación no puedo contarlo, y no por tratarse de algo impúdico (que lo fue) ni mucho menos, simplemente porque esto es una historia tan pequeña, que el texto no da para más, aunque la imaginación del lector puede entrar de lleno en materia para poner lo que falta. Y a modo de orientación, por si sirve de algo, decir, que ella, era muy, pero que muy guarra.



Aunque nunca me he considerado un guerrillero del amor, hubo un momento de mi vida, en el que mi pene, siempre estaba en permanente posición de combate, y no quiero decir con ello, estar siempre empalmado (¡qué agobio!, sobre todo, a la hora de subir y bajar la cremallera de la bragueta), aunque la actitud obsesiva de ensartar mi instrumento, en todas las cavidades que se pusieran a tiro, era mi único objetivo.





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