En menos de cien.
Textos tan cortos que no llegan a las cien palabras.

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Además de ser un superviviente, me considero también un buscador. El superviviente, es un individuo incompleto, pues se conforma con seguir vivo, algo sin duda fundamental, pero insuficiente. El buscador además trata de encontrar, el camino que le dé sentido a su vida.

Cuando uno toma una decisión drástica, ha de llevarla a cabo, siempre y cuando, esté convencido de lo que va a hacer, y no dejarse guiar por aquellos que opinan de forma contraria. Eso sí, también hay que saber asumir las consecuencias, cuando la decisión ha sido equivocada.

Cuando eras niño y te rozabas con una ortiga, lo primero que te decían los mayores, es que lo mejor era no frotar la parte afectada, ya que si lo hacías te iba a picar más. Sucede lo mismo con cierto tipo de rozaduras sentimentales, que de tanto hurgar en ellas, acaban haciéndose muy dolorosas, y al final lo que podría haberse quedado en una inofensiva rojez, se ha convertido en una molesta, permanente y agobiante irritación.

Aludir de forma continuada a la mala suerte en lo que hacemos, es en muchas ocasiones, la excusa perfecta para no reconocer nuestras propias limitaciones y no asumir los errores cometidos.

   Afortunadamente la mala suerte, aunque nos haya ha acompañado a lo largo de la vida, no nos ha causado daños irreparables mientras sigamos respirando, por eso, hay que estar agradecido a la buena fortuna por habernos protegido siempre, y que siga así.

El pensamiento independiente, podemos considerarlo hoy en día, una posesión de valor incalculable para el ser humano. En especial cuando vivimos en una sociedad, en la que existe una tendencia exagerada por parte de mucha gente, para tratar de manipular, la natural actividad mental del individuo, aprovechando en muchas ocasiones el poder de determinadas plataformas de comunicación, que muchos utilizan sin el mínimo pudor y con una total falta de ética.

Si el nivel de la altura de los propios sueños, produce vértigo que se acaba transformando en miedo, hay que ser lo suficientemente razonable a la par que inteligente, para bajar el listón de lo deseado. Siempre es preferible meter en la boca lo que cabe, comerlo despacio y masticarlo bien, antes de correr el riesgo de atragantarse.

Cuando la negatividad, se convierte en huésped indeseado del cuerpo y de la mente, a veces, suele ser más práctico convivir con ella, que tratar de echarla, porque al final, y sin darnos cuenta, muchas veces, ella misma se marcha, sin necesidad de decirle nada.

El movimiento positivo, es el que te lleva desde el sitio en el que no quieres estar, hacia el lugar al que quieres ir. Moverse en el mismo sitio, es igual que nadar siempre en un mar de mierda, al final acabas ahogado de asco.

Existen dos caminos por los que el ser humano pueda transitar, una dirección es la que lo lleva a lo peor de sí mismo y la otra…, la otra hay que encontrarla, y no es fácil.

Cuando procuramos siempre ser agradecidos con aquellas personas que se lo merecen, estaremos obrando de manera correcta, pero dar las gracias cuando no exista motivo para hacerlo, es absurdo.

Dejar que de forma permanente, sean otros los que solucionen nuestros problemas, y se hagan cargo de las obligaciones que nos corresponden, es igual que tener coche y sentarse siempre en el asiento de atrás.

Existen dos caminos para llegar a la nada, uno es el que no te lleva a ninguna parte, y el otro, el que te lleva en la dirección contraria, para llegar al mismo sitio.

Cuando el muerto te guiña el ojo desde la caja, es que no está muerto, o que estás soñando, o que has bebido en exceso. También, puede ser que el cadáver sea el tuyo y que en la tapa del féretro haya un espejo. Pero si es así, y te estás viendo, eso quiere decir que no estás muerto, pero si te encuentras en la caja, igual es que la gente piensa que si lo estás, y van a enterrarte vivo ¡Qué horror, y que complicada es la vida!

El hombre-estatua, nunca ve el sol brillar, ni por supuesto percibe, el más mínimo aliento de vida que sople alrededor suyo.

Cuántas veces hemos escuchado a los iluminados predicadores de la verdad, como día tras día, nos amenazan a los pobres mortales con el fuego eterno del infierno que nos devorará sin compasión, dejando reducido a ceniza nuestra débil y miserable cuerpo. Aunque la realidad, es que el verdadero y auténtico infierno, es tener que soportar de forma permanente el mismo discurso cansino de siempre.


Aunque tengas el convencimiento absoluto de que eres una buena persona, has de tener siempre presente, ya que existe la posibilidad real de que así sea, que quizás haya alguien que te odie, aunque tu desconozcas por completo, los motivos que tenga para ello, si es que los tiene, o simplemente es que le caes mal, que es una especie de odio disfrazado.

Ahora me doy cuenta, que vivir es como escalar una montaña, hay que ir poco a poco, por eso el que quiere llegar a ser un buen alpinista de la vida, no comienza escalando el Himalaya, que está a más de ocho mil metros de altura, se conforma con iniciarse en los Pirineos que se hayan a tres mil, más o menos.

Aquellos que son incapaces de convivir con el silencio, están siempre a merced de una especie de impulso interior, que les obliga de forma continua a hablar, y ese exceso de locuacidad, hace que en la mayoría de las ocasiones, digan una gran cantidad de estupideces.

Con la palabra amor, se disfrazan muchas veces, los verdaderos sentimientos, por otros intereses de moralidad dudosa. Por eso, es muy probable, que cuando una persona le dice a otra, que la quiere, y el pulso no se le acelera, lo más probable es que mienta, pero el problema, reside en averiguarlo, algo que solo se puede conseguir, si tenemos un pulsometro a mano para contar las pulsaciones.

Como siempre vivo el presente, soy consciente que con el paso de los años, voy agotando el saldo que tengo en mi cuenta corriente de la existencia, por eso estoy pensando muy seriamente, en la posibilidad de atracar el Banco del Tiempo, y robarle todas las horas, que almacena en la caja fuerte de la vida.

Cuanto más definidas estén mis metas, más fácil será que puede llegar a ellas. En este momento, es lo que pienso, mañana no lo sé.

Si en la inmensidad del Universo, la Tierra, se asemeja a un grano de arena, hay que suponer entonces, lo insignificantes que somos los seres humanos, cuyo microscópico tamaño, habría que calificar cuando menos, de absolutamente ridículo. Por ello, sorprende, la importancia que algunos individuos dan a su persona. Quizás la explicación más acertada, resida en unos deseos incontrolables de adoración permanente a su propio ego.

Trata de convencer a los demás de que tenemos una estupenda idea, es un grave error, cuando la persona que te escucha, tan solo está interesada en hacerlo, para aprovecharse de ella.

Hay muchas personas que de forma consciente, asumen un papel de víctimas a lo largo de su vida, e incluso, se recrean procurando siempre dar lástima a los demás. Prefieren perder el tiempo llorando y vendiendo sus penas, que aprovecharlo de forma mucho más práctica, intentando solucionar, o al menos aliviar la situación que los aflige.

Cuando tú piensas que algo es blanco y todos los demás dicen que es negro, quizás, lo más probable es que tú seas el equivocado, aunque no necesariamente tiene que ser así, ya que la opinión compartida de la mayoría, no garantiza el acierto, y eso lo podemos comprobar continuamente en la política, cuando vemos que los ganadores de las elecciones, incluso con mayorías absolutas, son un verdadero desastre cuando gobiernan, por lo tanto no se debe descartar nunca la opción de que sea la mayoría la que no esté acertada.

Hay muchas personas, que tienen la necesidad continua de aprobación por parte de los demás, en todo lo que hacen, y esa dependencia, puede llegar a convertirse en una peligrosa adicción.

Cuando no tengas más remedio que pedir dinero prestado a un banco, estarás vendiendo tu alma al diablo, y al final los intereses que has de pagar, ejercerán de leña, que servirá de alimento al fuego, que te llevará a arder en el infierno una buena temporada, eso, en el mejor de los casos, pues los hay que, se quemarán eternamente.

Cada cual es libre de elegir a sus propias amistades, pero lo que no se puede pretender, es adaptarlas, a sus gustos, necesidades e intereses en cada momento.

Vivimos en una sociedad tan moderna, que continuamente nos machacan con nuevas normas, reglas y decretos de todo tipo. Al final es tanto lo que tratan de meternos a calzador dentro de la cabeza, que el objetivo inicial (presunto), de buscar orden y concierto, se convierte al final en anarquía y caos, como todas las cosas que se pretenden encajar a toda costa en un espacio que no le corresponde.


Entrar en conflicto con nosotros mismos por una estupidez, es un pecado, que las personas no deberíamos de cometer con tanta frecuencia, ya que violentar nuestra salud por algo absurdo, es un lujo, que los seres humanos no podemos permitirnos bajo ningún concepto.

Cada vez tengo más claro que me muevo entre la luz del acierto y las tinieblas del error, por eso, según el lugar en el que me encuentre en un momento dado, en unas ocasiones consigo mantener las riendas del caballo salvaje galopando veloz y decidido por la larga llanura del día a día, y otras veces sin embargo, me siento completamente desbordado por el peso de la vida, y soy incapaz de controlar mis emociones.

Con el tiempo aprendí que es cierto aquello de que el hábito no hace al monje, porque pude comprobar que no solo se es padre (en toda la extensión de la palabra), por tener hijos, de la misma forma que no se es pianista por tener un piano en el salón de casa, ni actor por fingir lo que uno no es, ya que en ese caso, el mundo estaría lleno de ellos, es decir, padres, pianistas, actores, y por supuesto, monjes.

El comportamiento cuando se convierte en algo autodestructivo te permite obtener rendimiento a corto plazo, tan solo hace falta alimentar bien la hoguera de la negatividad, que no falte nunca madera, que a modo de combustible sirva para quemar la autoestima, la motivación y la autoconfianza, y seguro que en breve, el éxito estará asegurado.

Las fuerzas controladoras del mundo que conocemos, consideran revolucionario todo aquello que haga peligrar su privilegiada posición de poder. Siempre ha sido así, y sigue de igual forma, otra cosa, es que la mayoría, siga luchando contra esa minoría dominante, que pretende quedarse siempre con toda la tarta, dejando para el resto, tan solo la guinda, y a veces, ni eso.

Futuro, ¿qué futuro?, ¡ya hablaremos mañana!

Si no llegas a lo alto de la estantería, utiliza una escalera, pero no pegues saltos, ni pierdas el equilibrio por ponerte de punteras, ya que es inútil aparentar lo que no se es, al final el disfraz no sirve de nada, tarde o temprano la careta se cae al suelo, por mucho que algunos intenten llevarla siempre, pegada a la cara.

Si la dirección que has elegido, es la que te ofrece más seguridad para llegar a donde pretendes, y estás absolutamente convencido que el camino escogido es el correcto, poco importa (más bien, nada) que los demás, se empeñen en decirte que vas por la ruta equivocada.

En el rompecabezas de la existencia cada uno tiene que buscar su sitio, pero no es fácil. Unas veces no lo encuentras y otras son los demás los que no te dejan hacerlo. Cuando al final aparece un hueco donde ubicarte, te das cuenta en muchas ocasiones que ese espacio no es para ti.

El temor ante los acontecimientos tristes de la vida, es algo común a todos los seres humanos, pero también es cierto, que muchas veces cuando las circunstancias adversas nos machacan, y nos van poco a poco despojando de todo aquello que necesitamos, es en ese momento, cuando misteriosamente, las fuerzas surgen de la flaqueza, con un recuperado vigor, que va disipando nuestro miedo, ya que es absurdo tenerlo, por perder aquello que ya no se tiene.

Es preferible pasar un día entero limpiando la suciedad de una cuadra, que tener que soportar la prepotencia de algunos, aunque sea tan solo un minuto. En definitiva el olor a estiércol es igual en ambos casos, y en todo caso, siempre es mejor soportar el de los caballos.

Dejar volar libremente la imaginación como si fuese un globo de helio, que se suelta en el aire para que suba directamente al cielo, sin que exista un techo que se lo impida, es una buena forma de acercarse a locas fantasías, que quizás algún día se hagan realidad.

La enorme vanidad que tienen algunas personas, les hace vivir tan alejados de la realidad, que al resto de los pobres humanos, nos da la sensación de que en verdad se creen inmortales, y esto, tarde o temprano se acaba para todos.

Tenía razón Séneca, cuando decía que la vida es una Escuela de Gladiadores, en la que se aprende a convivir y a pelear, pero tal y como están las cosas hoy día, convendría añadir un nuevo aprendizaje, el de esquivar. Por eso es más importante evitar el golpe que darlo.

Siempre es preferible tener un enemigo valiente que un amigo cobarde.



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