Me llamo Francisco José Álvarez Arias, aunque a la hora de escribir firmo mis trabajos con el seudónimo de Fran Laviada. En cuanto a mí verdadero nombre, lo he acortado, primero porque Francisco José me parece un poco antiguo, a la vez que pretencioso (en tiempos de crisis no se puede ir por ahí con dos nombres, me parece excesivo), y segundo, porque también me suena a monárquico, y yo soy republicano. Y en cuanto al apellido, he optado por uno procedente de mi familia paterna, que se ha perdido con el paso del tiempo (el último en utilizarlo legalmente fue mi bisabuelo), y que además de no ser muy habitual, me resulta agradable al oído, en especial para a un nombre de autor.

   Nací en Oviedo, hace ya…, la edad es un estado mental, por lo que el número de años no es demasiado importante, bueno, hasta cierto punto, así que esperaré a cumplir los cien, para comenzar a preocuparme por ello. Y aunque vine al mundo en la capital del Principado, antes que asturiano y español, me siento ciudadano del mundo, lo que viene a ser un terrícola, es decir, un simple habitante del planeta llamado Tierra, y al mismo tiempo, un superviviente, ni más, ni menos.

   Me gusta escribir desde que era un niño, algo que no se me daba mal, pues las redacciones eran mi fuerte, y una fuente habitual para la obtención de buenas notas, y a partir de ahí, he seguido escribiendo a lo largo del tiempo, pero más que decir que soy escritor, prefiero definirme como un contador de cosas (no vaya a ser que se molesta algún purista de la literatura, de esos, que aparecen incluso debajo de las piedras, aunque, si digo la verdad, me importa un bledo), ya que no aspiro más que a contar historias reales o inventadas, o mezcla de ambas, sin más aspiraciones literarias, que las de llegar con mis escritos al mayor número posible de gente que se identifique con lo que escribo, y sobre todo que se entretenga con su lectura. Así pues, a partir de un lector satisfecho, ya empiezo a ir cumpliendo con mis objetivos, aunque para ser sincero, he de decir, que mi meta principal, es alcanzar la satisfacción personal, de sentirme bien escribiendo, ya que con independencia de utilizar la escritura como una forma de expresarme a la vez que comunicarme con el prójimo, lo principal, es el efecto terapéutico que experimento en mi interior, con el beneficio tan importante que ello supone para mi salud, especialmente la mental.

   He escrito artículos y otros trabajos que se han publicado en periódicos, revistas y en diversos medios de información virtual, que tanto han proliferado en los últimos tiempos, con las nuevas tecnologías, y que tienen su acomodo en Internet, algo que sin duda alguna, ha supuesto una herramienta impagable para todos aquellos, que pretendemos transmitir nuestras inquietudes escribiendo. He elaborado todo tipo de contenidos, especialmente relacionados con el mundo del deporte (y que firmo con mi otro nombre de autor, Paco Arias , el primero por ser el hipocorístico de Francisco, y el segundo, por ser mi apellido materno), ya que mi profesión es la de Técnico Deportivo, y en particular sobre fútbol (soy Entrenador Nacional), pero también he ampliado mi ruta, transitando por otros caminos en los que la ficción es la protagonista principal, y siempre con mi particular sentido del humor, que no sé si es más o menos ingenioso y divertido, pero es mío, y lo utilizo como mejor puedo y más me apetece. Y eso es lo que he tratado de trasladar a los libros que voy publicando, y de los cuales iré dando cumplida información en esta web.

   Para no extenderme en exceso, y no caer pesado, tan solo añadir, lo que dijo en su momento el gran Oscar Wilde: “No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”, así que, mientras tenga cosas que decir, que las tengo, y muchas, seguiré escribiendo. Y sigo también el consejo de otra gran escritora que fue Simone de Beauvoir, que se refería a la actividad de escribir, como “un oficio que se aprende escribiendo”, así que, con más motivo, para seguir haciéndolo.


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                                                                    Red Mundial de Escritores en Español. Remes, (Miembro. Mayo-2017)

                                                                     Sociedad Iberoamericana de Escritores (Socio. Agosto-2016)



En ocasiones cuando escribo, y escucho canciones inspiradoras como la del maestro Sabina, que me sirven de argumento para hacer mías algunas frases del texto, no puedo dejar de sentir (como terrícola insatisfecho que soy, además de empequeñecido ante el gigantesco peso de la abrumadora existencia), que muchas veces noto la falta de aire, la ausencia de ese oxígeno emocional que me permita dar el siguiente paso en el largo camino de la vida, y seguir respirando, para evitar ese pensamiento en el que uno cree (con razón o sin ella) que está perdiendo miserablemente el tiempo, y de manera inevitable se pregunta:

¿De quién es esta vida, insulsa y repetida?
 ¿Qué estoy haciendo aquí?

   Afortunadamente las aguas siempre vuelven a su cauce, y entre los mecanismos de salvación utilizados, uno de ellos, sin duda alguna, es el flotador de la escritura, ese que siempre te rescata para llevarte con más o menos esfuerzo según el momento, a otros universos bondadosos y tranquilos, en el que uno se encuentra a salvo cuando las gigantescas olas de la oscuridad amenazan con engullirte.



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