"Conversaciones con Julius" (Cap. II).

PURA ESENCIA MARXISTA
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Cada cual anda por la vida como le apetece, y si eres inteligente, con más motivo para que no te importe absolutamente nada lo que los demás piensen de ti. Así que te mueves por ahí a tu aire, ondeando libremente la bandera que te representa, con tus señas de identidad inalterables, el puro apagado, un bigote pintado con betún negro y una forma indescriptible de andar desplazándose dando zancadas desmesuradas y grotescas, para que la marca personal quede grabada a fuego a lo largo del camino de la existencia.
Julius Henry Marx, fue tan solo uno. Un hombre único, tanto que sus padres después de fabricarlo rompieron el molde. Sin embargo, hubo varios Grouchos, todos artistas y todos geniales: El humorista. El actor. El escritor. El presentador y sobre todo, el Genio, que era la suma de todos los anteriores.
Por encima de otros marxistas destacados en la Historia de la humanidad (que van desde Lenin a Fidel Castro), estaba él, sin duda el más original y divertido de todos ellos.
Groucho, fue sin duda alguien de talento desbordante y respuesta rápida para todo, capaz de dejar sin argumentos a cualquiera que tuviera el atrevimiento de entablar un cara a cara dialéctico con él.
Creó una forma de hacer humor, que se puede definir de muchas maneras, pero poco importan las etiquetas cuando se trata de divertir al prójimo, de hacer reír al que lo necesita, de liberar al triste de su melancolía, al desengañado de sus cadenas, y al aburrido de su cansina rutina diaria, para estar alegre, para sonreír e incluso para descojonarse del mundo en su puñetera cara.
Con Groucho y sus hermanos (sobre todo Chico y Harpo, ya que los otros dos, Zeppo y Gummo, tan solo fueron meros acompañantes familiares, especialmente el último, porque Zeppo llegó a participar en algunas películas de los primeros tiempos de la filmografía de los Marx), se alegraron la vida, y sobre todo se rieron a carcajada limpia, muchas generaciones de aficionados al cine y al espectáculo humorístico en general, en el que la comedia es la reina y los Hermanos Marx, los emperadores del humor. Aunque en la vida todo tiene su momento, y el reinado no fue eterno, nada lo es. Por eso, cuando el negocio cinematográfico llegó a su fin a mediados de los 40, había que reciclarse, y los famosos Hermanos, buscaron caminos por separado, aunque en el fondo, siempre fueron inseparables, pues cuando las circunstancias adversas de la vida (en especial las económicas, y en particular las de Chico) lo exigieron, volvieron a juntarse para actuar, sobre todo en la pequeña pantalla.
Y fue gracias a la televisión, que Groucho volvió a la fama, cuando se convirtió en presentador (aunque primero lo hizo en la radio, un medio en el que también le acompañó el éxito), para pasar luego a la tele, con el concurso ya mencionado Apueste su vida (You Bet Your Life, título original en inglés) y volvió a triunfar y recuperar la gloria (disminuida) de tiempos pasados. Es lo que tienen los genios, que suelen renacer de sus cenizas, y cuando el público los entierra en el olvido porque piensan que están acabados, resurgen triunfantes como el Ave Fénix.
Y también se acabó la televisión como presentador, aunque siguió haciendo diversas apariciones puntuales en otros programas. Pero cuando te sobra inteligencia, los recursos se dejan ver, y Groucho se convirtió en escritor y también en esa faceta alcanzó notoriedad con sus divertidos libros. Es lo bueno que tiene el cerebro, que cuando funciona bien, surte a su dueño de materia prima suficiente para que el negocio de la vida, en su faceta material, te siga dando de comer, y en el terreno intelectual, lo mantenga vivo para no quedarse sin neuronas, aunque por desgracia, aunque seas un genio, los años no pasan en balde, todo se acaba deteriorando, incluso hasta la inteligencia más luminosa desaparece, o se esconde en un lugar perdido de la memoria. Es ley de vida y Groucho no fue la excepción, pero bueno, no hablemos de cosas tristes, sería inapropiado cuando estamos hablando de uno de los más grandes humoristas que ha dado el mundo. Así que riámonos, tomemos un pequeño respiro y sigamos.
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El Groucho, autor, no se dedicó tan solo a escribir libros, necesitaba sacar de su cabeza el contenido incesante que su imaginación generaba, por eso, además de sus obras, también escribió guiones radiofónicos, y cartas, una gran cantidad de cartas a familiares, amigos, conocidos y también personas ajenas, y en todos sus escritos, siempre dejó constancia de su inteligente y genuino sentido del humor, aunque lo que ha quedado para la posteridad, son una enorme cantidad de frases siempre ingeniosas y de todo tipo, mordaces, picantes, lapidarias, jocosas…
Y para muestra, un puñado de ellas, aunque hay tantas que sería imposible hacer una selección, pero como para muestra vale un botón, el auténtico aroma marxista, llega perfectamente identificable al olfato de cualquiera (cualquiera que tenga el suficiente sentido del humor, primero para olerlo y segundo para apreciarlo) con frases como las que aparecen a continuación, que a pesar del tiempo transcurrido desde que el genial humorista las pronunció, siguen hoy en día todavía vigentes.
“Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”.
(Sobre todo cuando aparecen en la pequeña pantalla ese tipo de programas infumables, en el que cada vez se hace más evidente la ausencia de respeto hacia el prójimo, y la total falta de educación de los contertulios se pone de manifiesto permanente, por no hablar de la nula capacidad para entretener que ofrecen algunos patéticos personajes de fama fugaz, que suelen aparecer con frecuencia en la pantalla, y que se han hecho conocidos por ser simplemente, el pariente del amigo de un vecino que una noche en una discoteca se dio un par de morreos con una actriz de reparto que sale en una serie que se emite de madrugada en una televisión local, y que dicho sea de paso, no ven, ni los familiares de los actores que intervinieron en ella).
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.
(Ni más ni menos, lo que hacen en la actualidad nuestros políticos patrios, con unas estadísticas de “3 x 1”, es decir que de cada tres políticos uno es un corrupto, y de los otros que quedan honrados, otro es un inútil, así que tan solo nos sirve uno, que sea de verdad eficaz).
“Es una tontería mirar debajo de la cama. Si tu mujer tiene una visita, lo más probable es que la esconda en el armario. Conozco a un hombre que se encontró con tanta gente en el armario que tuvo que divorciarse únicamente para conseguir dónde colgar la ropa”.
(La infidelidad es un tema clásico desde los tiempos más remotos, un argumento incuestionable para romper parejas, nada extraño, excepto para esos que piensan que el matrimonio es para toda la vida, ¡qué ingenuos! Aunque pienso, que eso ya no se lo cree nadie, pues de ser así, la persona en cuestión, además de ingenua, también sería ignorante.
Y en esto de los asuntos de cuernos, siempre resulta curioso comprobar, que, por lo general, suele ser el infiel, sea hombre o mujer, quien manifiesta su total falta de coherencia, ya que es intolerante ante la infidelidad, cuando él o ella, es el engañado, aunque en el caso que nos ocupa, sería mejor decir corneado/a).
"Jamás olvido una cara, pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción".
(Máxime, cuando lo que tienes frente a ti, es la cara de la maldad representada por el racista, el homófobo, el intolerante, el maltratador, el xenófobo, y en general cuando ves el rostro de ese individuo, que tiene un único objetivo en su vida, que consiste, en hacer daño al prójimo. Como si, desde su nacimiento, tuviera una especie de mandato diabólico, para ejercitar sin descanso, una única actividad, joderle la vida al personal.
También deberíamos considerar a los que tienen una permanente cara de palo, a la hora de olvidarnos de su rostro, que son ese tipo de individuos de seriedad perpetua, pues son incapaces de sonreír y que mantienen a lo largo de su vida, una expresión gestual de asco, como si estuvieran siempre oliendo algo podrido y de que, con toda probabilidad, no son conscientes de que lo que huele mal en su vida, son ellos mismos.)
“Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos. Groucho”.
(Por desgracia, eso no cambia porque es ley de vida, a más cumpleaños celebrados, y más velas sopladas, menos aniversarios quedan por festejar.)
¡Y que usted, pueda seguir soplando por mucho tiempo! ¡Es lo que hay!
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Además de sus películas, que quizá el tiempo ha maltratado un poco, porque ya han pasado muchos años desde que se rodaron, y aparte de sus libros, que se han conservado mucho mejor, nos queda un recuerdo más fresco, porque está más cercano en el tiempo, que es el Groucho televisivo, más joven que el Groucho cinematográfico, y cuando recurrimos a ese inmenso e inagotable almacén de imágenes en movimiento que nos brinda internet, llamado YouTube, podemos ver al Groucho presentador, en el ya mencionado programa Apueste su vida (un éxito incuestionable, que permaneció once años en antena con más de doscientas emisiones realizadas), sin duda una joya televisiva y adelantada a su tiempo, en el que Groucho daba rienda suelta a su inmensa capacidad para hacer reír en directo, tanto al público asistente, como a los espectadores que lo veían por la pequeña pantalla.
Por el programa de Groucho (porque sin duda el programa era él, y de él ), pasaron todo tipo de concursantes y gente famosa desde el que fuera campeón del mundo de los pesos pesados, el invicto Rocky Marciano, el más famoso Tarzán del celuloide, Johnny Weissmuller, o el escritor Ray Bradbury, autor entre otras obras conocidas e importantes, de Crónicas Marcianas y Fahrenheit 451, y otros muchos personajes célebres, y como dato anecdótico relacionado con nuestro país, también asistió como invitada al programa, la española Sarita Heredia, guitarrista y bailaora gitana, que con su arte maravilló a un sorprendido Groucho, que incluso se animó a bailar durante unos segundos con ella (en fin, genio y figura…aunque lo suyo desde luego, no fuera el flamenco).
Y como los genios también se mueren, Groucho dejó el planeta Tierra, para ir quizá a otra dimensión, posiblemente a un Universo exclusivo, en el que se valora el talento, la gracia y el sentido del humor por encima de todo (dejemos volar nuestra fantasía, porque eso no hace mal a nadie), pero aunque él se fue, se quedó para siempre con nosotros el marxismo (el de verdad, no el político), ese que sin duda representa lo mejor del humor inteligente, y que al mismo tiempo, es corrosivo y crítico.
Sin embargo, la figura del hombre con gafas, del puro en la boca y el bigote pintado, aparece a veces en la visión de los que tienen la capacidad necesaria (una escena en la que también comparten primer plano sus hermanos, y en la que Chico aporrea el piano, y Harpo toca con suavidad el arpa), para materializar sus sueños, aunque estos sean más propios de una desbordante imaginación o de una locura, o de ambas cosas a la vez.
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Fran Laviada